25 de agosto de 2011

Efecto de la publicidad en los niños y los adolescentes.


Al salir a la calle, nos encontramos con carteles, vallas; cuando vamos en el autobús, escuchamos comerciales con mucha publicidad, y al llegar a casa, encendemos el televisor y más publicidad.
 La publicidad es la difusión y promoción masiva de productos y servicios, carece de contenido propio, ya que se limita a servir de vehículo. Desarrolla un importante papel de difusión y persuasión a través de la transmisión de mensajes que influyen sobre la audiencia, un público receptor, destruyendo o implantando valores y nuevas formas de comportamiento.
 Es por ello que hoy en día no podemos negar la gran influencia de la publicidad en nuestras vidas, se podría decir y afirmar que la juventud de ahora es producto, en gran parte, del efecto publicitario al que se ha expuesto, lo que nos lleva a deducir un contexto a futuro, en el que las nuevas generaciones llegarán a ser influenciadas en un cien por ciento por la publicidad.
La publicidad actúa agresivamente sobre los consumidores con el fin de mantener unas pautas de comportamiento.
 Los mensajes publicitarios contienen roles sociales que acaban condicionando nuestra conducta. A menudo, la publicidad perpetúa una serie de estereotipos que tradicionalmente se han adjudicado a los hombres, las mujeres, los niños o los ancianos. La publicidad impone un ideal en cuanto a la imagen física, estilo de vida, propone llegar a la “felicidad” consumiendo los productos y servicios que difunde, lo que hace que todo aquel que se vea influenciado por la publicidad intente alcanzar el ideal alejándolo de su propia realidad.
      Siendo los jóvenes y adolescentes un público objetivo susceptible, pero no más que los  niños, se podría hacer una analogía con una esponja, la cual va absorbiendo todo lo percibido. Mientras los jóvenes y adolescentes tratan de definir su personalidad, la publicidad nos ofrece una serie de roles estereotipados con mensajes dañinos de nuevos conceptos de moralidad, de religión, de respeto, de pudor.
 Por otro lado, la publicidad propone una juventud dinámica, alegre y con un gran poder adquisitivo. Para venderles los productos (moda, coches, tecnología) utiliza varios temas: los estudios, las discrepancias con los padres, la música, la velocidad y el deporte entre otros. Todos ellos son manipulados por los publicistas para crear en los jóvenes la necesidad de consumir, muchas veces innecesariamente. Es necesario que los jóvenes sepan analizar estos trucos publicitarios para poder tener una actitud crítica hacia la publicidad.
Los niños aprenden a distinguir lo que es la publicidad y sus intenciones a edad muy temprana, lo que puede observarse empíricamente sólo si se utili­zan mediciones no verbales; además, los niños de edades tempranas son también capaces de distinguir entre lo que les gusta a ellos y lo que les gusta a los mayores.
 Una comparación entre niños de menor y mayor edad demuestra que perciben al mismo nivel la información recibida y que ex­traen las inferencias a partir de los mensajes de un modo similar. Pero donde es más nítida la diferencia es en la coherencia entre actitud y con­ducta, que para los niños mayores tiende a ser más fuerte que para los pequeños, lo cual se explicaría por la mayor limitación en la dinámica cognitiva de éstos, es decir, por la mayor influenciabilidad a que se ven some­tidos a consecuencia de la publicidad. Los juicios de los niños mayores tienden a ser más independientes de la publicidad, asimilándose por ello más con los adultos, mientras que los pequeños demuestran mayor depen­dencia de los mensajes publicitarios.
 Y por último, en relación a la respuesta compradora global de los niños ante la presión publicitaria, un estudio realizado por Estere en 1983 garantiza la extrema influencia de la pu­blicidad con respecto a los juguetes, demuestra que las prefe­rencias de los niños siguen con extremada linealidad a aquellas marcas de juguetes que disfrutan de mayor presencia y presupuesto en televisión. Sin embargo, aun siendo real la linealidad entre publicidad y demanda, ésta se ve mediatizada en gran medida por las probabilidades que tiene el niño de hacerse con el objeto del deseo, la ma­yoría de las investigaciones muestran que los niños ajustan sus peticiones a las posibilidades de obtener el juguete deseado, lo que ex­plica que sea tanto la edad como los ingresos paternos variables fundamentales.

Bibliografía:

Conclusión:
Como conclusión podemos decir que los más chiquitos son los más influenciados por la publicidad, ya que no tienen conciencia de que los están manipulando. Además cuando ven mucho algo que les interesa, por ejemplo un juguete, del que pasan propagandas y publicidades todo el tiempo, los chicos terminan queriendo eso que tanto ven. Las empresas que publicitan estos productos se aprovechan de la inocencia de los chicos y tratan de demostrarles que un producto los puede hacer felices y que necesitan tenerlo, cuando en realidad no es así. Este problema también se da con los adolescentes y los jóvenes, aunque a esa edad ya son un poco más conscientes de este problema. Igualmente las publicidades terminan manipulándolos, al mostrarles que necesitan tener los productos publicitados para ser felices, ya sea porque están a la moda, porque los hace verse bien, o por un montón de razones que en realidad no son así.

Carla Vecchio.

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